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Un donostiarra infiel

Tras doce años de matrimonio que se culminaron después de que me enamorara de mi amante. Mi nombre es Joseba, soy de San Sebastián y tengo 33 años.

Os contaré la historia de mi infidelidad;

Me casé con mi marido hace doce años, con el que formé un hogar y tuve un hijo. En los años de matrimonio que estuvimos juntos crecimos juntos tanto él y yo profesionalmente y financieramente teníamos una calidad de vida muy buena. Mi esposo era dueño de varios concesionarios de vehículos y yo soy doctora, me especializo en medicina ocupacional obesóloga, monté mi propio consultorio y todo nos iba de maravilla.

Nuestro hijo pequeño era el centro de nuestra atención y fuimos perdiendo poco a poco la intimidad entre nosotros ya que nuestro hijo dormía en el centro de nuestra cama y en el día estábamos ocupados en nuestro trabajo; todo eso hizo que nos alejáramos mucho en nuestra vida íntima.

Hasta que un día se me presentó en mi consultorio un paciente que quería bajar de peso de nombre Adrián. Desde la primera charla me pareció un hombre muy divertido, era muy agradable cada vez que me visitaba para sus consultas. Me llevaba dulces de regalo y siguió su tratamiento y dieta muy disciplinadamente y consiguió rápido los resultados que quería; me invitó a cenar un día para despedirse porque ya no necesitaba visitarme más, yo acepte y cenamos de lo más tranquilo, fue todo muy especial, aunque esa noche no pasó nada más.

Al cabo de solo unos días ya sentía que lo extrañaba, me había conectado con él y fue entonces cuando decidí escribirle e invítalo de nuevo a mi consultorio para ofrecerle una consulta gratis. Lo invite a pesar de que no sabía lo que iba a hacer o de lo que le ida a decir.

Cuando Adrián llegó al consultorio me puse muy nerviosa, eran los mismos nervios que sentí cuando empecé a salir con mi esposo. Entonces comprendí que me estaba enamorando de mi paciente, solo que esta vez estaba en una posición en la que tenía que ser yo quien diera los primeros pasos; me armé de valor y le dije que me gustaba, que no quería perder contacto con él, su mirada fue de sorpresa, pero entonces me atreví a lanzarme a su cuerpo y besarlo. Él no puso resistencia y más bien me sentó en sus piernas y me besó las tetas, fue espectacular lo hicimos en todos los muebles de mi consultorio.

Pasaron los meses y seguíamos viéndonos, nos escapábamos a un motel cada vez que teníamos oportunidad, era para mí excitante tener esa relación oculta de la que nadie sabía.

Pero después entendí que no era sano seguir engañando a mi esposo. Decidí contarle la verdad y nos separamos, no fue nada fácil pero al menos ya no seguía escondiéndome para salir con mi nueva pareja con la cual decidí casarme y estamos a la espera de nuestro primer hijo juntos. Agur!