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Isabel una chica infiel de Toledo

Dicen que la distancia es el olvido y eso para una pareja que está en crisis es un mundo. En mi caso la distancia no fue el olvido sino la infidelidad. Me llamo Isabel y soy de Toledo, aunque en verano me traslado hasta Málaga a casa de mis tíos, donde paso el verano.

Antes de trasladarme a casa de mis tíos, tuve una gran bronca con mi novio y es que siento que la relación se está estancando. Yo quiero dar un paso más e irnos a vivir juntos y casarnos, pero mi novio está muy tranquilo viviendo en casa de sus padres.

El motivo de que me desplace cada año a Málaga, aparte de ver a mis tíos, es que me voy a trabajar a un famoso chiringuito de la ciudad durante todo el verano. De esa forma consigo un buen dinero, y cuando vuelvo a Toledo sigo trabajando de profesora ya que estoy a media jornada, aunque espero que el año que viene ya pueda ser fija y no tener que trabajar en verano también.

La cosa es que como voy cada año, ya me conocen y hay muchos otros camareros que repiten de otros años y tengo confianza con ellos. Pero este año, solo conocía a uno ya que el resto eran todos nuevos. Entre esos camareros, había uno que fue mi perdición durante ese verano. Un chaval alto, moreno, con unos ojazos y una gracia que te volvían loca.

Al principio traté de que no se me notara mucho, pero al cabo de las semanas, lo veía y me derretía, y no era por el calor, que también. Fuimos cogiendo confianza y como vivía cerca de mis tíos, pues muchas veces me llevaba en su coche para ahorrarme ir andando.

Entre uno de esos trayectos, empecé a notar como de refilón me tocaba la mano o la pierna, pero no quería hacer mucho caso a eso. Hasta que un día ya no pude más y antes de bajarme del coche le pegué un buen morreo y me fui del tirón.

Al día siguiente por la noche, antes de que me fuera, echo el cierre de seguridad del coche y fue él el que me pegó el morreo. Como ambos estábamos receptivos y al día siguiente no nos tocaba trabajar, decidimos irnos a las afueras y aparcar el coche donde no nos vieran para follar y dejarnos llevar.

Aquel momento fue maravillosos ya que el tío estaba impresionante y no podía dejar de pensar en cómo tendría la polla. Así nos llevamos el resto del verano, creo que fue uno de los mejores que he pasado.

Al volver de nuevo a Toledo, terminé dejándolo con mi novio ya que seguía exactamente con las mismas ideas de antes de irme. Así que veía que esa relación no conducía a ningún lado y prefería no perder el tiempo. Eso sí, antes le dije que el había sido infiel, quizás no debería haberlo hecho, pero me apeteció decírselo.