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Miguel un infiel en Albacete

Creo que por mucho que pase el tiempo no lograré entender la razón por la que le puse los cuernos a mi novia. Un calentón puede jugarte una mala pasada y arruinarte gran parte de la vida. Mi nombre es Miguel y soy de Albacete, aunque ahora mismo me gustaría estar en cualquier parte del mundo y desaparecer.

Puede sonar un poco angustiado quizás, pero es que nunca había sido infiel y haberlo sido me ha traído una serie de consecuencias que jamás habría imaginado.

Todo comenzó el mes pasado cuando para bajar unos kilos de más me apunté al gimnasio. Iba todos los días por la noche, que es cuando más tiempo tenía, aunque las ganas eran mínimas. Y aprovechando que mi gimnasio era 24 horas había días que me daban las 12 de la noche, aunque algunas veces trataba de terminar pronto ya que en mi casa me esperaba mi novia.

Por suerte vivía con mi novia, que pronto se iba a convertir en mi mujer. Como cada día, me disponía a ir al gimnasio solo ya que Paula solía ir por las mañanas. Aquel día recuerdo que me tocaba entrenar la parte superior del cuerpo, así que me puse mis auriculares y me dispuse a realizar la rutina. Como siempre a esa hora, apenas había gente en el gimnasio por lo que el ambiente era un poco frío y decidí entrenar con sudadera.

Cuando me encontraba haciendo un descanso entre serie y serie, vi que enfrente mía se encontraba una chavala entrenando con una camiseta bastante escotada ya que se inclinaba hacia delante haciendo un ejercicio de espalda y se le podían ver los pechos perfectamente. En una de esas veces que ella subía, me vio perfectamente como la estaba mirando y es que no podía apartar mis ojos de sus pechos.

Se tuvo que quedar un rato mirándome ya que cuando me dispuse a seguir con el ejercicio y tumbarme, me di cuenta de que me había empalmado. Por suerte a la hora que era ya no había nadie más salvo nosotros dos, aunque a decir verdad no se si fue suerte o no.

Con cara de ganas de jugar se acercó a mi y empezó a meterme mano. Al principio no podía dar crédito, pero esas tetas me habían nublado la razón. Corriendo nos metimos en la ducha del vestuario de mujeres y allí empezamos a ducharnos a la vez que me la chupaba. Creo que nunca me lo habían hecho de esa manera y es que casi pierdo el sentido. Estuvimos un rato follando y cuando recobré el aliento me fui a mi casa creyendo que mi novia jamás se enteraría.

Pero si, se enteró y que al día siguiente cuando acudió al gimnasio se encontró cuchicheando a dos amigas en la que una le contaba al a otra que se había tirado a un tío en el baño y que se había dejado su sudadera. Esa fue la prueba que mi novia necesitó para darse cuenta de que ese tío era yo. En el momento en el que llegué a mi casa me encontré las maletas en la puerta y una cerradura que había sido cambiada…