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Luís un infiel de Zaragoza

Unos carnavales acabaron con mi relación con mi novia. Soy de Zaragoza, pero soy muy amante de los carnavales de Cádiz, por lo que el año pasado no dudé en irme con unos amigos y disfrutar de esta particular fiesta andaluza.

Me llamo Luís y os relataré mi historia de infidelidad. Más de cuatro años son los que llevo con Sonia, la que sigue siendo mi novia y es que ya os podéis imaginar como terminó la historia.

Corría el mes de febrero del pasado año, mis amigos y yo viajamos en coche hasta la Tacita de Plata. Llegamos allí el sábado de carnaval por la mañana así que del tirón nos compramos una botella de moscatel y nos fuimos a dar una vuelta por las calles más típicas para escuchar algunas de las chirigotas o comparsas más conocidas.

Por supuesto fuimos ataviados como se merecía, con dos coloretes pintados en la cara y disfrazados de payasos, algo que más tarde comprendía que había sido un mal disfraz.

Puesto que íbamos a disfrutar de la fiesta y las coplas, pronto nos separamos de aquellos que solo acuden a emborracharse y nos fuimos a uno de los tablaos más conocidos, el de la calle de la Palma. Allí durante horas nos mezclamos con los gaditanos y lo pasábamos bien, hasta que a nuestro lado se pusieron un grupo de chavalas.

Al principio todo normal y es que en carnavales no importa si no conoces a alguien que a la mínima te arrancas a decirle cualquier tontería o se termina cantando todos juntos. De mi grupo yo era el que más coplas sabía, por lo que lo estaba dando todo cuando una de las chavalas se percató de mi acento y me preguntó que de donde era.

Empezamos a hablar y le hice alguna que otra tontería ya que ellas iban disfrazadas de bebés y nosotros de payasos.

En uno de los momentos en los que se produjo un descanso de agrupaciones debido al retraso de una de ellas, aproveché y aunque estaba en primera fila, traté de hacerme hueco para ir al baño. Los cuartos de baños habilitados detrás del escenario estaban todos ocupados y con bastante cola, así que me fui a otros que había cerca de la playa de La Caleta.

Allí cual fue mi sorpresa que me encontré con la chavala que había estado hablando antes. Y a día de hoy no se describir como ocurrió a ciencia cierta, pero cuando nos dimos cuenta estábamos follando debajo del Balneario de la Palma, en la propia playa, por lo que terminamos con más arena que el palo de una sombrilla en verano.

Angustiado por la culpa, al volver a Zaragoza se lo conté todo inmediatamente a mi novia Sonia, que, tras pegarme una buena cachetada, merecida por supuesto, terminó perdonándome. Cada día que me levanto le doy gracias por lo que hizo y es que me arrepiento enormemente de lo que ese día hice.