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Ana una chica infiel de Amería

Me cansé, llegó un día en el que le dije “o me haces caso u otro me lo hará, pero en ese momento te arrepentirás”. Cuando le dije eso no pretendía ni asustarlo ni amenazarlo, pero el solito se buscó que le fuera infiel.

Me llamo Ana y soy de un pueblo de Almería, concretamente de Mojácar, un pequeño pueblo muy conocido y que es realmente precioso.

Os relataré mi historia y trataré de ser lo más breve posible ya que me da pena cada vez que lo recuerdo. Como decía, esa advertencia se la hice a mi novio un día en el que como estaba en su casa. Él, como siempre estaba jugando al FIFA o yo que se que juego era, cada semana tenía uno nuevo y luego era incapaz de decirme de ir a cenar. Se podría decir que eso fue lo que nos distanció, su vicio por los videojuegos.

No era raro que día si y día también me hiciera ir a su casa y arreglarme con la idea de salir como cualquier pareja normal al cine, dar una vuelta o tomar algo y terminar él jugando a la consola y yo en la cama con el móvil.

Llevábamos dos años y medio de relación, por lo que había bastante confianza y no me importaba que un día estuviese jugando cuando estoy en su casa. Pero como digo, un día no me importa, ya que de igual forma paso tiempo con él, pero lo que no podía tolerar era que siempre el plan se limitase a eso únicamente.

No quería dejarlo ya que estaba realmente enamorada, y quería arreglarlo, ya que aparte de eso no estábamos mal. Solo tenía que hacer un pequeño cambio y cambiar sus horas de juego ya que en ningún momento le prohibí que lo hiciera, ya que no soy nadie para ello, solo quería atención.

Tras meses en esa situación, un día me empezó a seguir en Instagram el amigo de una conocida y como lo había visto en un par de ocasiones pues empezamos a hablar. Al principio solo hablamos un par de tonterías, pero con el tiempo cada vez fuimos hablando más y me sentía más cómoda ya que me prestaba la atención que mi novio no me prestaba.

Es por ello, que tras la advertencia que le hice a mi novio, un día decidí quedar con este chaval para tomar un café. Pero no fue solo un café lo que tomamos ya que como vivía en un piso de estudiantes pudimos subir a su habitación y allí estuvimos un fin de semana entero casi sin salir de la habitación, solo follábamos.

Ese día abrí los ojos y le confesé mi infidelidad a mi entonces novio. Como me imaginaba, él me suplicó que no lo dejase, pero ya era tarde. Llega un momento en el que te cansa que no se ponga remedio a una situación que era fácil de solucionar, pero que había que poner interés.